,

Encanto Suicida 44

Bastaba solo de unos cuantos segundos para vomitar este funesto mundo, para averiguar cómo lucía mi alma después de todos esos traumas y coloquios con el desesperado demonio que engulló mis deseos de ser menos absurdo. Tanto tiempo desperdiciado, tantos engaños absorbidos y ¿para qué? Al final, mi vida fue tan irrelevante como cualquier otra. Y sé que mi muerte, pese a todo lo que pudiera anhelar, también lo será.

*

Su llanto ya no me conmovía, pues había aceptado desaparecer después de haberle hecho el amor por última vez en esta execrable entelequia. No pude, sin embargo, evitar una última mirada a ese cúmulo de cósmicos fluidos por donde se escurría el resto de mi vida y el principio de mi muerte. Todo había terminado ya, pero la agonía me consumiría hasta que mi sangre y mi esperma abandonaran por completo mi decadente constitución todavía humana.

*

La verdad es que desde hace mucho ya no me siento como si fuera yo. Considero que me he abandonado a mí mismo, que aquel ángel de la muerte transformó en desesperación y agonía cada una de las mentiras que siempre negué. Aquello, lo que sea que fuera, comprendía mejor que los humanos que ya solamente necesitaba de la soledad para alimentar mi rencor, y entonces algún día, sin previo aviso, podría al fin culminar con mi trágica y mundana existencia.

*

Ella decía amarme, pero necesitaba otro tipo de placeres para sentirse humanamente satisfecha. Y yo, tan moribundo y triste, no podía decirle que me enfermaba no poder ser el instrumento de sus oscuros orgasmos y de los alucinantes matices con los que aquella irreal sombra la consumía cuando la sangre inundaba sus piernas.

*

Sabía que aquello era inmensamente decadente, pero involucrarme de manera íntima con desconocidas era mejor que fingir que amaba sinceramente a alguien. Tal era el remedio perfecto para torturar nuevamente mi alma infeliz con la ilusión de algo que jamás podría ser, de un sentimiento que ya jamás podría volver a experimentar. Estaba solo y siempre lo estaría sin importar cuántas personas me rodearan o cuántas mujeres proclamaran amarme.

*

Aunque la amaba, era inútil cualquier intento por estar a su lado. Yo no podía comprenderla ni ella a mí, pues ella necesitaba a alguien un poco más humano y yo ya no podía serlo. Ella deseaba vivir y yo morir, aunque el gran día aún no había llegado. Lo que ella deseaba era únicamente sentirse un poco más real en esta nefanda paradoja en la cual yo me he sentido muerto desde su último lamento. Los dos nos amamos y adoramos tanto, pero al final nuestras sombras terminaron por diluir tan sublime encanto y el olvido se impuso ante lo que ilusamente creíamos sería eterno.

***

Encanto Suicida


About Arik Eindrok
Previous

El Halo de la Desesperación 33

La Execrable Esencia Humana 44

Next