Pensamientos OH11

Dejar que la fragancia del suicidio se apodere de los pocos instantes de vida que me quedan es la manera adecuada para saborear esta tenue distorsión de lúgubre calidez y de tristeza desmesurada.

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Aquella noche nuestras emociones se encontraron bajo la crepuscular silueta de la luna. Nos devoramos la boca y nos arrancamos la piel estando bestialmente ebrios, con el corazón totalmente desprovisto de sentimientos, con el interior tan apesadumbrado y carcomido por las máscaras de los aburridos principios morales.

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Sabíamos a la perfección que no estábamos destinados a estar juntos, que entre ambos existía un abismo comparable solo al sinsentido de nuestra existencia romántica y mísera. Pero nada fue suficiente para evitar el intercambio; y la dulzura que impregnaste en mi ser ha marcado, desde entonces, todos estos violentos cambios.

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Hoy sé que no fuiste solo mi amante de una noche, sino el amor de mi vida. Sí, de una vida que nunca tuve ni tendré, porque esta patética historia entre tú y yo termina manchada de sangre… Nos condenamos para siempre.

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Me encanta tu calidez, ese espacio en el cual me consuelas de una vida sin sentido, de un mundo tan extraño y absurdo como para desear permanecer en él. Tú, mujer de besos robados y tatuada con tétricas caricias ajenas. No sé si llorar, reír o simplemente dormir, pues al despertar odiaré saber que te has marchado hacia tu cueva, y que yo me quedaré en este infierno para pudrirme hasta el fin.

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Libro: Obsesión Homicida


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