El cáliz del absurdo

Las personas de este mundo carecen de todo sentido y viven sin merecerlo

Tan estériles de espíritu y sobrados de putrefacción creen ser eternos

Poseídos por un deseo intempestivo y nauseabundo de poder, sexo y dinero

Colgados de una cuerda que los mantiene vivos inútilmente en el desierto

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¿Por qué han de ser los humanos tan miserables y onerosos en todo momento?

¿Para qué se les confirió existir si solo iban a sucumbir y envilecerse?

Las trampas del espejismo cautivaron sus mentes vomitadas por la matriz

En crímenes se compensaron los anhelos de tan terrible y aciago desliz

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Ante las afrodisiacas zarandajas del placer los títeres se han arrodillado

Me dan lástima sus esperanzas y lo que intentan lograr en su futilidad

A donde sea que vayan su destino será siempre el de la incompetencia

Necesitan aceptar la salvación, destruir la puerta por la cual él entró

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Es tiempo de inventar un dios que regale muerte a sus fieles seguidores

Y de profanar el sello que durante eones permaneció entre delatores

La grandeza jamás aconteció en la civilización poblada de lóbrega injuria

La humanidad resultó ser una gran estupidez y su esencia una penuria

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Deben rasgarse todos los cascarones y desprenderse todos los cordones

Si crees que puedo imputarte, confía en el anillo que ostenta la posesión

Y, en el origen de la creación, veremos alteradas las infinitas probabilidades

Solo cambiaré una, pero bastará para reducirnos a formas de vacío y sangre

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No sabes cuánto me cuesta tolerar las presencias que se revuelcan sin fin

No quiero sus voces pestilentes y sus acciones todavía más decadentes

Los recién llegados ya han sido corrompidos, los decrépitos merecen solo asco

El maravilloso ritmo de la vida no es otra cosa sino una ignominiosa mentira

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Libro: Irrefrenable Tristeza


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