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Romántico Trastorno 36

¿Qué tanto se puede oscurecer mi vida sin el bello y centelleante sol que atisbo al reflejarme en tu mística mirada? Supongo que estoy a punto de descubrirlo y ojalá que en tales condiciones pueda finalmente tener el valor para emanciparme de esta horrible realidad, para entregarme placenteramente a aquel sensual ensueño con el cual alucino cada noche de eviterna soledad y fúnebre melancolía… ¡Oh, todo habrá terminado entonces! No habrá más lamentos amargos, más desvaríos siniestros ni más sangre derramándose inútilmente de mis venas, ya cansadas de soportar esta infame y terrible experiencia terrenal.

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Todo siempre fue así de simple y sencillo: por ti. Sí, yo estaba para ti de la manera en la que fuese, pero tú no podías estar para mí de ninguna manera, pues ya alguien más había cautivado tu corazón. Yo moría por ti, mientras tú vivías para el flamenate deleite de otro ser que nunca sería yo. Las lágrimas del ángel oscuro con el báculo del sol las sentía en lo más profundo de mi triste percepción, pues me indicaban que debía renunciar a ti definitivamente…; aunque en otro tiempo tú y todo lo que tú eras había significado para mí lo más hermoso, valioso y sagrado en mi humana existencia.

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Lo único que deseo antes de suicidarme es verte por última vez, pues quiero morir con esa magnífica sonrisa que solo tu contemplación podría ocasionarme. Quiero alucinar con tus ojos resplandecientes posados sobre mi alma marchita y decadente, sobre mi locura inmanente cuyo atroz dominio siempre ha sido la causa de mi tormento terrenal. Pero entonces te veré y guardaré cada detalle de tu perfecto espíritu dentro del mío, y ni siquiera a la muerte le permitiré arrebatarme tu inmarcesible y acendrado recuerdo.

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Nuestros caminos no convergían ya, aunque sentía que nuestras apesadumbradas almas estaban sincronizadas de alguna extraña manera. Mas si tú ya eras feliz sin mí, entonces yo sería feliz también sin ti… Aunque puede que de desamor me muera y puede que incluso a la muerte le hable tanto de ti que termine por aburrirla y me vomite también de su bello y celestial reino. Y quizá solo me engaño a mí mismo al pretender que ya no te extraño, que ya no te pienso y que ya no busco tus labios más allá de las infinitas tinieblas de mi lúgubre existencia… Porque claramente todavía mi tonto corazón te ama con avasallante locura y a mi melancólica mirada le sigues gustando tanto o quizás incluso más, mucho más que ayer.

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¿Qué tenías tú que me encantó así? ¿Qué es eso que te hace ser tan especial para mí? ¿Por qué no puedo volver a sentir tantas cosas con ninguna otra persona? ¿Por qué no podría volver a amar con vehemente locura a nadie como te amé a ti? Tan solo es tu recuerdo el que me atormenta al mismo tiempo que me ilumina, pues tan solo fuiste tú quien me salvó por unos momentos de mi intrínseca miseria existencial para luego hundirme en esta lúgubre tumba por la eternidad: en la de tu infernal y melancólico espíritu inmaculado que conquista el firmamento donde se alebresta mi corazón solitario y afligido.

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Romántico Trastorno


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