Capítulo XIII (LVA)

Cuando Mertin dio media vuelta y apreciaron el lugar al que habían llegado, casi se desmaya. Después de haber atravesado tan vomitivos y execrables lugares, ahora se hallaba en un lugar totalmente resplandeciente y rebosante de paz y tranquilidad. Era como estar en los campos elíseos, como experimentar una plenitud existencial que no había sentido antes. Ahí, en ese lugar, no existía ningún tipo de angustia ni desesperación. No, todo era mágico, era adimensional. ¿Acaso sería todo solamente otra trampa de Desmetis? ¿Estaría todo planeado para que aquello fuese únicamente una ilusión? Quizá, cuando menos se lo esperasen, el verdadero infierno sobrevendría de nuevo, y esta vez de manera más contundente.

–¿Qué es lo que estás observando con tanta acucia, Mertin? Por favor, podrías ser mis ojos y decírmelo –sostuvo July.

–Perdón, pero esta vez no creo tener palabras para poder expresar todo lo que este lugar me hace sentir y lo increíblemente bello que es. No cabe duda de que este lugar llena el alma de luz y apacibilidad, ¡qué enigmático!

–Bueno, ¿podrías al menos intentar describirlo? Puedo sentir una gran alegría al estar aquí, es una sensación verdaderamente única, y ojalá pudiera ver con mis propios ojos lo que ocurre.

Mertin sintió un gran coraje y, a la vez, una profunda aflicción por las palabras de July. Sin duda alguna, lo que más anhelaba era que ella recuperase la vista, y ahora no sabía ni cómo empezar, ni siquiera sabía en dónde estaba. En su mente retumbaban las palabras de aquel viejo siniestro: la flor de Lilith.

–¡July, tú volverás a ver! ¡Yo lo prometí y lo cumpliré! ¡Tú recuperarás la vista pase lo que pase! –exclamó Mertin con ira y determinación.

–Gracias Mertin, pero no tienes por qué echarte ese gran compromiso encima. De cualquier modo, te lo agradezco infinitamente.

–No te preocupes, no lo hago porque tú me lo pidas. Ya he tomado mi decisión y nada ni nadie va a disuadirme.

–Mertin, no quiero que te arriesgues de ese modo por mí.

–No será así, todo estará bien. Ahora vamos, describiré este lugar para ti.

De esa forma, emprendieron rumbo hacia un lugar desconocido, pero con la esperanza de volver a su universo original. Mertin no se confiaba, pues sospechaba que algo extraño se gestaba detrás de aquel idílico lugar.

–July, no sabes cuánto me gustaría que pudieras observar este lugar, es tan sublime. Trataré de detallarlo para ti: es un lugar que está libre de cualquier identificación con los mundanos lugares de nuestro universo y quizás cualquier otro. El tiempo parece no existir, todo ocurre de una forma inexplicablemente atemporal. Hay luz, demasiada luz. Sin embargo, es una luz diferente, es una luz que resplandece más que cualquier otra. Es luz dorada e increíblemente refulgente. Esta luz baña todo el lugar y parece ser una especie de Sol, ya que inunda cada rincón de este inefable sitio. Hay muchas plantas exóticas que jamás había visto antes, con colores difíciles de describir. Hay un río que se observa a lo lejos y muchas montañas inmensas. Es un panorama hermoso de verdad, no hay forma de que alguien pueda sentir odio ni rencor aquí, mucho menos tristeza.

–Mertin, puedo intuir de qué hablas, nunca me había sentido así de feliz.

–¡Qué extraño es todo esto! Me pregunto cómo puede existir un lugar tan hermoso en un universo impregnado por la tristeza y el dolor, o tal vez se trate de un universo paralelo. Entonces, ya no estamos en la tercer urbe, ¿dónde estamos?

Mertin elucubraba acerca de lo que había acontecido cuando, de pronto, observó una especie de juzgado que se presentaba ante sus ojos. Era enorme, tanto que no le alcanzaba la vista. Además, emitía un brillo demasiado resplandeciente.

–¡Oye, July! Dame tu mano. Esa cosa de allá es enorme, mejor vamos a ver qué ocurre.

–Sí, claro. Solo no quiero meterme en problemas. Tal vez deberíamos de conocer mejor este lugar antes de ir allá.

–Tranquila, nada malo pasará. Vamos a indagar un poco y ya.

De ese modo, July y Mertin se acercaron cada vez más a aquella corte. En el camino, vieron unas extrañas siluetas luminosas que rondaban por todos los alrededores. No tenían forma alguna y no parecían estar conformadas por sustancia conocida, eran simplemente energía.

–¡No! ¡Basta ya! ¡Ya no quiero ver ni saber más de eso!

–Tú lo hiciste. Solamente tú en esta encarnación y tu superalma que en este periodo de tu existencia fue el alma que acabas de observar –afirmó una voz tan agradable y tranquilizadora que provenía de una de las tres figuras que parecían ser seres divinos.

–Pero yo no quería violar a esas mujeres. ¡Soy un monstruo! No quiero volver a ese accidente llamado vida –replicó el ser cuya forma física comenzaba a desvanecerse.

–¿Qué ocurre, Mertin? ¿Por qué siento como si algo se incorporará a este lugar? –inquirió July.

–No sé qué está pasando allá. Ese hombre parece desvanecerse poco a poco y esto es como una especie de juzgado.

July y Mertin estaban presenciando no un juicio, simplemente algo cotidiano en aquel refulgente universo. Era la evaluación de la encarnación que ese sujeto había llevado en su vida más reciente y la forma en que su superalma necesitaba ser aprestada para reencarnar.

–Bien. No tienes nada de qué preocuparte, esto es un largo camino. Ahora debes descansar solo un poco y después regresarás a una nueva aventura terrenal. Reencarnarás como un sujeto que sufrirá castración química y así compensarás tu libreto kármico.

–Claro, lo acepto totalmente… Solo no quiero sentir todo este peso y culpa por lo que mi alma de esta encarnación ha hecho. Quiero que mi superalma evolucione hasta donde sea posible.

–Entonces se cierra la evaluación. Ahora ve al Río de los Espíritus Encarnados y bebe para olvidar todo lo que se ha planificado. De este modo, el libre albedrío se manifestará ante tus ojos –sostuvo con firmeza otra de las soberbias figuras que se hallaban en aquella especie de corte.

Acto seguido, la forma física de aquel ser se desvaneció por completo y solo quedó una extraña figura luminosa como todas las anteriores que July y Mertin habían observado previamente.

–Es increíble, July. Ese hombre desapareció y algo como energía, o tal vez su superalma, según esos sujetos de allá, es todo lo que quedó.

 –Pude escuchar, pero no comprender muy bien todo lo que estaban hablando. Esto me parece muy extraño, ni siquiera sé por qué estamos aquí.

–Yo tampoco lo sé, July. Debemos hacer que una de esas entidades que parecen irradiar una divinidad y luz más poderosas que cualquier otra se fije en nosotros y averiguar cómo escapar de este universo.

–Y ¿cómo haremos eso?

Recién había July terminado de preguntar cuando Mertin se puso de pie y salió de la pared en la cual estaban.

–¿Acaso ustedes son dioses? ¿Qué clase de sitio es este? ¿Cómo es que la gente puede reencarnar? ¿Qué es la superalma? ¿Por qué hablaban de evaluación? –gritó Mertin tan desesperadamente como pudo.

–Mertin, ¿qué rayos estás haciendo? –formuló July, quien salió también del parapeto en donde se hallaba.

–¿Cómo es que ustedes han logrado llegar aquí? No puedo sentir ni leer su libreto kármico –contestó con una paciencia despampanante una de aquellas sublimes figuras.

–¡Yo pregunté primero! ¡Solamente quiero saber qué lugar es este! –replicó Mertin.

–¿No sabes qué lugar es este? Pero entonces, ¿cómo llegaste aquí? Espera, podría ser que ustedes dos…

–No importa, no tenemos tiempo para esto. Las almas no dejan de llegar, yo me encargaré de ellos. Seguramente son de esas extrañas almas que todavía no debían morir, ustedes prosigan sin mí –interrumpió otra de las voces con la misma serenidad.

Una de aquellas centelleantes siluetas dejó su lugar en esa especie de corte y se dirigió hacia July y Mertin, los cuales, a pesar de esforzarse al máximo, no lograban dilucidar quién o qué apariencia tenía esa cósmica persona. La luz que envolvía su figura era tremendamente cegadora y su vibración sumamente divina.

–No puedo atisbar nada. Esa luz es muy fuerte, es como si fuese la luz de la verdad, pero no… –declaró Mertin.

–Puedo sentir una energía como nunca la había sentido. ¡No sé cómo puede existir alguien tan poderoso! –respondió July.

Súbitamente, la luz se comió a los jóvenes enamorados y, cuando abrieron los ojos, se encontraron en la tercera sección de ese bucólico lugar. Era un paraíso, era el cielo, era lo más apolíneo que alguna vez July y Mertin hubiesen podido divisar. Ese lugar brillaba como el Sol, estaba ahíto de raras flores y de plantas con formas inimaginables para la mente humana. No había ni una seña de dolor ni sufrimiento, todo era como un idílico paisaje nunca soñado. Los árboles oscilaban y el viento era amigable, era el lugar ideal para vivir por siempre.

–¿Qué pasó? ¿Eso fue algo parecido a la teletransportación? Es un lugar hermoso y divino, tan majestuoso que no creo ser digno de pisarlo –indicó Mertin.

–Algo muy sorprendente aconteció. Pude sentir cómo viajábamos a través de un canal desconocido y ahora nuevamente siento una paz y tranquilidad que no son usuales para un humano –repuso July.

–Ya lo sé, July, solo que no entiendo cómo. Además, no veo a esa extraña figura luminosa por ninguna parte.

–Tengo un mal presentimiento de todo esto, Mertin. Quizá deberíamos irnos ya y encontrar a Abdeko.

–Pero ¡si es Jesucristo! ¡No puede ser! Es muy diferente de como lo pintan en las películas e imágenes, pero es él, ¡estoy seguro! –sostuvo Mertin.

–¿Qué carajos estás diciendo, Mertin? Es imposible que sea Jesucristo. ¿Por qué estaría él aquí? –replicó July.

–No tengo la más mínima idea, pero iré a platicar con él. Después de todo, es una oportunidad invaluable. ¿Quién no quisiera platicar con Jesucristo?

Mertin se acercó rápidamente a Jesucristo y éste volteó con una mirada pacífica y amigable. Por otra parte, July parecía congelada en el tiempo y Mertin, entre preocupado y emocionado, avanzó hacia aquel sujeto.

–Oye, ¿cómo es que estás aquí? Entonces, eres real o ¿solo una ilusión? –preguntó ansioso.

–Soy tan real como tú. Si dudas de tu existencia, la mía también se tambalea. Todo está en la mente, amigo.

–Oye, esa clase de cosas no son las que regularmente dice Jesucristo en las películas, ¿realmente eres el salvador?

–¿El salvador? –respondió Jesucristo con una calma y elocuencia avasallantes– Yo no soy ningún salvador, Mertin.

–¿Cómo sabes mi nombre? Entonces, ¿eres un farsante? ¿Qué hay de la historia del pecado y la salvación eterna? Ya sabes, cielo o infierno.

–No es difícil saber tu nombre cuando la joven que ahora está paralizada lo mencionó anteriormente. No te preocupes, ella estará bien, es solo que prefiero las pláticas de dos. Te decía que no soy un salvador, sino un instrumento de salvación.

–Disculpa, esta vez no te sigo. Se supone que la gente cree en ti y tú los liberaste del pecado.

–Yo no salvé ni salvaré a nadie, solo acudí a enseñarles cómo salvarse. En cuanto a lo del pecado, se puede vivir creyendo eso o no, da lo mismo.

–¿Desde hace cuánto estás aquí? ¿No volverás el día del juicio final?

–Siempre he estado aquí, pues es el destino de todos regresar al origen divino. No hay día del juicio final, los seres de cualquier universo están destinados a formar parte del gran espíritu creador y dador de aliento.

–¡Vaya, siempre supe que ese cuento del cielo y el infierno era pura mentira!

–No del todo, cada persona construye aquello que lo glorifica o lo tortura. Cada uno es libre de elegir salvación o perdición, blanco o negro, vida o muerte.

–Y ¿quiénes son esas otras dos entidades que están contigo en esa corte tan extraña? ¿Qué es todo este lugar? ¿Cómo se llega aquí y cómo se sale? ¿Podrías ayudarnos?

En ese momento, algo sumamente espeluznante sobrevino. Todo el cuerpo de Jesucristo se incendió y una luz cegadora salió de cada agujero que tenía. Parecía que iba a ser consumido por las llamas cuando se originó una ligera explosión, que hizo que Mertin cerrara sus ojos. Al abrirlos, ya no fue Jesucristo quien estaba ahí. Ahora su lugar lo ocupaba una entidad que parecía proveniente de Egipto, sostenía un bastón en una mano y un pergamino en la otra. Era, sin lugar a duda, una presencia igualmente divina.

–Y ¿Jesucristo? ¿Quién eres tú? ¿Qué le has hecho?

–Solo cálmate, él sigue aquí con nosotros. Te lo mostraré si tanto lo extrañas.

De la espalda de aquella rara forma egipcia brotó Jesucristo en una tonalidad más clara, como si fuese su espíritu; luego, fue absorbido nuevamente.

–¿Cómo lo haces? ¿Quién o qué eres tú?

–Tienes muchas preguntas, lástima que haya tan poco tiempo. Deberías de ser más prudente considerando que estás frente a un dios del antiguo Egipto: yo soy Osiris.

–Osiris ¿dices? ¡He escuchado sobre ti! Realicé una investigación sobre mitología egipcia en el bachillerato, solo que no entiendo. Espera, entonces ¿es cierto que Jesucristo y tú?

–Así es, ni lo digas. Además, hay otro que vendrá en un momento –Osiris hablaba con una voz tan hermosa que parecía desvanecer y curar toda maldad–. Por ahora, supongo que responderé tus preguntas.

Mertin no podía creerlo, podía sentir la presencia de tres entidades en el mismo sujeto que tenía enfrente. Ni siquiera sabía cómo llamarlo, pues no era un sujeto ni una persona, era una entidad totalmente desconocida para él, pero podía sentir un gran poder y una fuerza espiritual increíble.

–Sí, muchas gracias. La verdad es que tengo bastantes dudas al respecto –respondió Mertin, cautivado por la magnificencia de aquella voz.

–Nosotros somos la santísima trinidad, junta y separada a la vez, todos y cada uno es trinidad; somos la trinidad de la trinidad. Somos los encargados de regular las reencarnaciones que conducen a la divinidad de la superalma.

–Recuerdo haber escrutado algo acerca de la reencarnación, pero es un tema de bastante polémica entre las personas de mi mundo.

–Bueno, eso es porque no han comprendido que existe algo llamado relaciones kármicas. Cada encarnación te permite subsanar y progresar, siempre a tu ritmo. Al final, las almas terminan regresando a su hogar natural, a la divinidad, al gran espíritu.

–Y entonces, ¿qué pasa? ¿Hay otra vida más allá? ¿Todas las vidas tienen un sentido? –preguntó Mertin inquietado, pues para él la vida no valía nada.

–No sé qué pasa, incluso nosotros somos simples artefactos. Nuestra superalma alcanzó un estado divino distinto, no sé qué pase con tu superalma cuando se llegue a perfeccionar. Cada vida tiene un propósito que no entendemos, hace falta usar la metaconciencia para saber por qué tenemos la vida que tenemos. Todo está regido por el karma, eso sí que es una realidad.

–Ya entiendo. En cierta forma, supongo que tiene sentido. Vives y, en la próxima reencarnación, puedes compensar lo que no hiciste en esta. La vida actual es resultado de nuestras acciones en vidas pasadas, ¿es eso lo que quieres decir?

–Eres hábil y aprendes rápido, pero hay más que eso. El alma es parte de la superalma. Las superalmas pertenecen aquí, este lugar se llama bardo. Este es tu hogar natural y el de todos, es un universo que está lejos del alcance terrestre. Aquí se viene cuando se muere físicamente para planificar la próxima encarnación.

–Supongo que lo que viene aquí es nuestra alma o superalma, lo que sea. Entonces los cuerpos son solamente recipientes de energía, solo viles cascarones.

–Podría decirse. La superalma es lo que ha trascendido desde el comienzo y el alma lo que eres en esta encarnación. Cada vida, por muy insignificante o miserable, tiene un propósito.

–Lo comprendo. Aunque a mí me parece que la existencia misma no tiene sentido alguno, pues todo es tan ilógico, injusto y absurdo.

–Eso es punto y aparte. La vida de las personas no tiene sentido porque ellas mismas se desvían del camino. Aquí se planifica su siguiente encarnación y luego beben de ese río que observaste. Es un camino en donde se mezclan el destino y el libre albedrío. No están separados, ese es el error de los seres de las dimensiones inferiores. Hay un destino y, en ocasiones, hay libre albedrío. Sé que para ti es contradictorio, pero así es.

–Es que no logro entender cómo pueden subsistir ambos. ¿Eso significa que sí podemos cambiar nuestro destino?

–Con una voluntad muy grande, podría suceder, aunque regularmente no es el caso. Imagina un camino amplio con varios senderos, tú elijes cuál de ellos tomar. Hay un destino y, en ocasiones, se te presenta el libre albedrío, pero todo está acotado. Es un plan que tú mismo diseñaste con nuestro asesoramiento, un plan que siempre estará influenciado por el karma y el progreso.

–Ahora entiendo. En cierta forma, tiene sentido, aunque me quedan muchas dudas. ¿Tú podrías decirme cómo salir de aquí? O, mejor dime, ¿dónde queda la primera sección? ¿Cómo se supone que está compuesto este universo paralelo?

–Ya he dicho suficiente. Creo que mi yo paralelo debería haber hablado más, siempre he sido la parte de la trinidad más expresiva.

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Libro: Los Vínculos del Alma


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