Esos extraños y pintorescos momentos donde aún tenía ganas de hacer algo se han desvanecido para jamás volver… Y ahora lo único que añoro con todo mi ser es la inexistencia absoluta, el místico elíxir del encanto suicida, las delirantes caricias de la dulce muerte… Más allá de eso, nada me importa ya gran cosa ni tampoco nadie. Con frenética amargura, me percato una y otra vez de que no sabemos amar; lo único que queremos es poseer, manipular, imponer y controlar a otros. Este mundo execrable está acabado y los nauseabundos seres que lo habitamos estamos condenados al vacío más infame y la miseria eterna. Es mejor, así pues, desvanecerse lenta y dolorosamente mientras la sangre escurre de nuestras muñecas y las últimas lágrimas de este inmanente y solitario sufrimiento empapan nuestro rostro marchito y melancólico… La navaja resultó ser mejor compañía que cualquier patético mortal; especialmente mucho mejor que cualquier mujer exótica, bebida embriagante o sustancia prohibida. Esta noche, por suerte, todo habrá terminado… Y, cuando el sol se asome por aquella ventana donde tantas veces creí vislumbrar tu rostro de ángel, tan solo mi cuerpo frío y mi corazón fenecido habrán de yacer en esta fúnebre y deprimente habitación… Sin ti, mi eterno e imposible amor, yo morí de tristeza. Y solo espero, tras haber cruzado definitivamente el misterioso umbral, reconocerte y preguntarte: ¿por qué me arrojaste a esta horrible y repugnante realidad? ¿Por qué me abandonaste a mi suerte, sin tu guía ni tu luz? ¿Por qué tus alas centelleantes no me cobijaron cuando mi llanto y mi sangre más suplicaban por tu divino consuelo? ¡Ay! Toda mi vida no ha sido sino una tragedia de la cual quizá ni siquiera la muerte podrá librarme por completo, y tu inmarcesible recuerdo se convertirá en la daga envenenada que habrá de atormentarme en cualquier posible universo.
*
Ojalá que cuando muera no reencarne ni vuelva a tener consciencia de ser yo, pues ya suficiente he tenido con soportarme todo este tiempo donde he fingido que vivo.
*
El holograma tiene algunos defectos y el mayor de ellos parece ser el amor, pero no el humano, sino el amor puro; ese que dura menos que un suspiro y que no tiene nada que ver con el contacto sexual, ese que trastorna el alma y evoca a la muerte.
*
La pseudorealidad es muy fuerte, creo sinceramente que nadie puede darle la contra ni escapar de ella por completo, pues siempre sabe nuestros mayores miedos y defectos.
*
Y, al final, ni siquiera el amor es tan sagrado como el suicidio; no para un loco pesimista sin anhelos de existir.
***
Catarsis de Destrucción