,

El Réquiem del Vacío 03

¿De qué carajos sirve tener salud mental en un mundo completamente insano e injusto como este? Incluso, creo que tenerla sería más bien una desventaja; peor aún, una absoluta tragedia.

*

Me asomé por la ventaja, puesto que no respondiste mi llamado en la puerta. Era un día gris, nublado y con un aire de nostálgica contradicción. La verdad es que había estado muy triste desde que no me visitabas, por eso vine yo a visitarte. Quería obsequiarte algunas flores negras y un poema deprimente. Los días así siempre me ponían depresivo, pero lo que vieron mis ojos a través aquella ventana sombría me puso sumamente feliz: tu cuerpo tirado en el piso con las venas cortadas y en absoluto éxtasis suicida. Y es que, ciertamente, nunca te vi más hermosa y divina que en aquellos instantes.

*

¡Qué aberrante era todo aquí, empezando por mí! ¿Por qué debía yo tener un cuerpo? ¿Cuándo lo solicité y, precisamente, así como este? ¿Por qué continuaba autoengañándome de esta manera tan nociva? ¿Para qué continuaba realizando todas mis labores de modo rutinario y patético? ¿No sería mejor renunciar a todo, especialmente a mi vida? Si, de cualquier modo, moriré, ¿qué más da que lo haga hoy o en unos días, meses o años? Me sentía tan abrumado por el caos de lo absurdo y la infinita incertidumbre existencial, por miles de acertijos mortales en los que se perdía irremediablemente mi cabeza. Pero al final nunca había respuestas, solo más de la misma basura y ninguna certeza. Al final, no había ni siquiera un sonido o un sermón; tan solo el silencio reinaba en la cúspide de la más infame desesperación.

*

El asesino de ángeles estaba próximo y era ya el momento de abandonar esta sórdida civilización. Podía ver sus alas resplandecientes y escuchar sus gritos dementes que socavaban la consciencia de los profanos. Los pobres diablos corrían de aquí para allá en una babel de porquería y sacrilegio. Eran tan humanos e ignorantes que incluso podía experimentar algo de lástima hacia ellos. Creía que debían ser perdonados justamente porque sus limitadas mentes no podían comprender mucho más de la realidad y la muerte. Pero el asesino era implacable y no permitía que esto lo incomodara. Él los torturaba, los descuartizaba y los arrojaba a los calderos de ácido ardiente. Algún día, me imaginaba mientras culminaba mi aventura onírica, yo podría ser tan bueno como él.

*

La sangre que fluía de nuestras venas era un espectáculo tan hermoso que no podía crees que algo así en verdad estuviera ocurriendo, y tenerte conmigo en los momentos finales significaba el cielo mismo. Ningún abismo podría atraparnos ahora, pues estábamos próximos a horadar los campos elíseos y fundirnos con el todo. Suicidarse reflexivamente era la clave para abandonar nuestra forma humana y recorrer realidades más allá de nuestro entendimiento, ahí donde no existen el bien ni el mal y donde la felicidad no es solo un sueño.

*

Somos un accidente, eso está claro; y ni siquiera uno que valga la pena corregirse, pues en verdad no hay manera de arreglar la blasfemia que somos y seremos hasta nuestra absurda e insensata muerte. Nada podrá ya cambiar nuestro miserable destino ni dispersar las vehementes sombras que habrán de devorar nuestras funestas almas en el día del juicio final.

***

El Réquiem del Vacío


About Arik Eindrok

Deja un comentario

Previous

Infinito Malestar 12

Mi dulce tortura

Next