,

La Execrable Esencia Humana 56

Bien sé que no hay otra puerta por cruzar, pero aún me aferro ilusamente a las etéreas divagaciones a través de las cuales alucino con un estado de inefable extinción en mi atropellado destino. Puede que entonces sea yo aún más tonto y necio que aquellos quienes respiran por mera inercia; puede que no quede nada en mí para continuar y que en verdad me cuelgue esta noche, puede que todo termine del modo más trágico y horrible posible… Pero ¿y qué más da? Si ya todo es trágico y horrible en mi vida, ¿qué caso tiene continuar esperando la caída decisiva del trono prohibido?

*

Pobre humanidad, tan hipócritas y endebles son las bases sobre las cuales ha constituido su inútil existencia; tan pútrida es la manera en que ha sido dominada por sus vicios y delirios. Su destrucción es indispensable para labrar un mundo donde reinen la paz, el amor y el bienestar. Mientras exista un solo mono parlante, el paraíso se verá amenazado en mayor o menor medida. La única manera de garantizar el cielo en la tierra es mediante el exterminio absoluto de todo lo humano; luego, ya veremos qué hacer…

*

Este estado tan extraño en el que se ha sumergido la tenue luz de mi alma no podría ser mitigado por otra cosa que no sea el encanto suicida… Y así lo creo porque, sin importar lo que sea que haga, siempre termino por volver a mi natural apatía. Quisiera más ya no hacer nada, no ser nadie y no relacionarme con ningún otro títere. Ya suficientes problemas tengo conmigo mismo como para soportar la insulsa verborrea de otro adoctrinado monigote; ¡que todos se vayan al diablo! Me mataré y pondré punto final a esta novela escrita por manos demasiado ansiosas y poco sutiles en sus apologéticos párrafos.

*

Presiento que se acerca el apocalipsis donde el fénix sublime encenderá la hoguera con su resplandeciente halo de magnificencia. Y yo me arrojaré en su búsqueda, aunque bien sé que el resultado será desastroso, pero eso es exactamente lo que quiero. Desaparecer en el humo de la tarde cerúlea donde el cielo habrá de separarse y los infiernos habrán de vaciarse; desaparecer cuando ya nada más quede sino polvo y cenizas, cuando los cánticos hayan sido silenciados sin razón y cuando los dolores de mi corazón hayan sido todos purificados.

*

Consumirme al máximo, despedazar cada parte que conforma el falso engranaje que ahora me mantiene vivo, ser yo de una vez por todas… ¡Eso es exactamente lo único que jamás conseguiré y lo único que quisiera ya! Mas quizás algún día llegue el singular momento de abrazar la luz que no tiene origen ni fin, de presenciar el encuentro en el que todos los símbolos cobrarán de pronto sentido y yo mismo enmudeceré ante la magnificencia de lo más divino.

*

Irritantes son las noches donde la agónica pesadilla de suicidarme no se consuma, pero continúo firme en mi propósito; puesto que la insensata marea de la existencia no me acerca ya a ninguna isla donde poder reposar hasta apaciguar este tremebundo malestar. Y es que no sé si eso es verdaderamente lo que quiero, porque se trataría de un paliativo solamente. Sí, de otro temporal refugio que más tarde se convertirá en tormenta y luego en huracán. La barca donde ahora viajo ya casi está destrozada y los mares braman por sangre y carne. Los apaciguo como nadie pudo nunca apaciguarme a mí, como si yo mismo fuera lumbre celestial o eternidad encarnada. Mas bien sé que soy un ser atormentado por los desvaríos de los dioses y condenado a pasar sus días navegando hacia ningún lugar.

***

La Execrable Esencia Humana


About Arik Eindrok

Deja un comentario

Previous

Encanto Suicida 56

Obsesión Homicida 56

Next