Demasiados pensamientos rumiando en mi mente, que ya de por sí no es que no esté decayendo en una especie de esquizofrenia suicida.
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Creo que el punto es no radicalizarse ni caer en un pensamiento sectario. Aceptar que no poseemos todas las respuestas y que la realidad va mucho más allá de lo que nuestra mente puede comprender resulta entonces esencial. Proclamar que solo lo que nosotros queremos creer como la verdad lo es realmente, así pues, es un acto sumamente egoísta, narcisista y arrogante enmascarado detrás de supuestas buenas intenciones y ejercicios de santidad o torcida espiritualidad.
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Naturalmente, para la gran mayoría de las personas siempre será más fácil inmiscuirse en temáticas místicas, esotéricas o «espirituales» que en temáticas que implican una formación intelectual real como la filosofía, las matemáticas o la física. Y no es que las primeras disciplinas estén peleadas con las segundas o que unas resulten superiores en términos absolutos a las otras; es más bien que cada vez más personas buscan aquello que no implique un esfuerzo o que implique resultados inmediatos y creen que en las disciplinas seudocientíficas podrán hallar esto.
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No soy grosero ni tampoco me considero una mala persona, es simplemente que no me interesa tu vida ni relacionarme contigo. Si hay en lo que te pueda ayudar, lo haré con gusto las veces que sean. Pero de eso a querer entablar una convivencia más allá contigo existe un abismo. Me gusta mi soledad, no quiero mezclarme con cualquiera y adoro el silencio por encima de cualquier discurso. Si estás bien con eso, entonces seguramente tú mismo querrás mantener tu propio aislamiento y respetar el mío; y si no, ahí está el caos infernal del mundo en donde ya tantas almas han sido atrapadas y contaminadas con cualquier creencia o ideología destinada a absorber su esencia y oscurecer su brillo.
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Jamás comprenderé a esos peculiares individuos quienes dicen experimentar un gozo sin igual estando afiliados a sectas religiosas o esotéricas de dudosa índole. Pero está bien, supongo ellos pueden conectar de un modo que yo no podría en tales actividades y lugares. Quizá porque yo no busco creer, lo que yo quiero es saber. Y, al menos lo que me dicta mi razón, es que no puedo creer en algo que no puedo conocer, pues, de ser así, toda objetividad quedaría hecha añicos y la realidad sería un campo de juego para nuestro deleite; cosa que, ciertamente, no acontece.
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Ecos de Angustia