Tal vez el problema radica, asimismo, en que desde pequeños nos enseñan a obedecer a alguien o algo. O sea que, en cierta manera, desde que nacemos nos vemos despojados de nuestra libertad. Ni hablar de las familias más puritanas y atascadas de prejuicios absurdos que solo arruinan a los menores, ya de por sí desdichados por haber nacido en este mundo triste y enfermo. ¡Ay! Si fuera posible no haber venido aquí; retornar a la inexistencia absoluta…
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En conclusión, no deberían de existir las familias, los padres, los hijos ni nada de esa basura… No obstante, como estamos en una sociedad todavía demasiado anticuada para comprender esto, se seguirá con el mismo patrón arruina-mentes que tanto daño hace a los nuevos llegados a este infierno terrenal.
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¿Qué es más patético y miserable? ¿Tener hijos o tener que soportar a quienes los tienen? Da igual, la realidad es que ya solo quiero que este mundo inverosímil y plagado de seres moldeados se termine de una buena vez. ¡Oh, Dios! Si en verdad existes, concédeme solo este ínfimo y último deseo…
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¿Qué sentido tiene que los humanos continúen reproduciéndose e infectando este hermoso planeta? Probablemente, somos demasiado egoístas y estúpidos todavía para comprender que no somos ninguna especie de creación divina; mucho menos una raza superior. Esto solo son invenciones quiméricas con las que el ser intenta justificar el absurdo de su depravada existencia. Yo mismo soy uno de estos peones adoctrinados que se regocija y lamenta en su propia inmundicia, y que ha perdido toda esperanza en el mañana y en Dios.
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Me alegra haberte conocido y, si alguna vez de este mundo me he ido, sabes que eres lo único que me ha importado. Y que, a pesar de mi estupidez humana tan encarnada, quisiera verte vibrar en sintonía conmigo cuando vayamos directo hacia el vacío.
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¡Qué ilusos y desdichados fuimos al pensar que, al amarnos, no moriríamos! Y que, al vivir como se enseña, de sentido a nuestras existencias llenaríamos. Solo dos frágiles almas a punto de colapsar en el caos supremo, a punto de hundirse para siempre en la eterna sinfonía de la muerte fulgurante.
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El Halo de la Desesperación