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En otra estrella

El fondo del abismo era implacablemente desolador, pues tan solo reinaban la oscuridad y el dolor en aquel calabozo de miseria sempiterna. Yo estaba ahí, no sé por qué razón y ni siquiera creo que importe saberlo ahora. Todo lo que sé es que aquí aparecí desde mi muerte en el mundo humano. Lo último que recuerdo es haber intentado caminar hacia la luz, esa que aparece centelleante al final del túnel, pero sé que no logré llegar. Algo me arrastraba hacia otros sitios cuyas sensaciones no me agradaban del todo. No obstante, no podía hacer nada para evitarlo, pues mis ideas estaban en completo caos y, si no aceptaba ir a donde la misteriosa fuerza me llevaba, podría incluso terminar en algo peor. Como sea, no siento que tenga un cuerpo ya, pero puedo experimentar cada emoción tan real como antes. El sonido de un flautista melancólico impera en el lugar, pero debo darme prisa y escapar. No sé cuán conveniente resulte permanecer mucho tiempo en esta extraña dimensión…

Veo otras siluetas reptando por este cementerio, escapando de sus tumbas donde supongo están enterrados sus restos. Se retuercen de manera blasfema y, de vez en cuando, arrojan una sustancia verdosa por la boca. Trato de no prestarles demasiada atención, pues me producen cierto pavor. Aunque, al parecer, ellas no pueden verme ni escucharme. Están por doquier y nunca se detienen, siempre se escabullen por túneles de donde emergen algunos insectos fluorescentes. Sigo ahora la melodía de la flauta, es un sonido peculiar. Me parece como si ya lo hubiese escuchado en algún otro lugar, pero no puede ser. Me recuerda un poco a ella, a la persona que amé en el mundo humano, pues en ocasiones componía melodías para mí. Debo admitir que mantenía la ilusa esperanza de verla al morir, ya que se suicidó unos meses antes que yo. Las especulaciones no sirven de nada, el caos termina por disuadir cualquier sueño o anhelo; únicamente lágrimas, poemas y mentiras restan ya por saborear.

Pero no, al parecer es una mentira de lo peor cuando dicen que, al morir, veremos a nuestros seres queridos. Ni siquiera me reconozco a mí mismo más que por mi consciencia trastornada, aunque incluso pareciera que cada vez se difumina más lo que soy. No tengo forma de saber cómo luzco, pero puedo colegir que soy como un vapor andante que no deja de pensar. La oscuridad es infinita y me siento muy solo, casi tanto como cuando estaba vivo. Esperaba obtener algunas respuestas en la muerte, pero tan solo ha aumentado mi confusión. No sé cuánto tiempo estaré aquí ni por qué lo estoy, pero tengo el presentimiento de que nadie vendrá a decírmelo. Un hermoso arcoíris irrumpe en lo que creo es el cielo y me gustan sus colores imposibles, me enternecen sus susurros. Al fin veo al flautista en otra estrella y tiene todo mi aspecto… ¡Pero no puedo creer que sus ojos me llenen de tanto amor siendo yo tan solo, ahora lo sé, una pobre alma inferior que no alcanzó la salvación!

***

Caótico Enloquecer


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