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Encanto Suicida 61

¿Cómo se esperaba que los humanos fuesen seres divinos si sus mismos dioses son tan miserables como ellos y quizás aún más?

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Me niego constantemente a creer que esta existencia patética y efímera es todo lo que hay e intento contradecir esos murmullos cuya veracidad se torna cada vez más evidente. No obstante, entre más virtudes concedo a los humanos, las únicas pruebas que recibo indican exactamente lo opuesto. Yo mismo soy también un infeliz más, una marioneta errante entre un infinito mar de pestilencia y estupidez que atravieso diariamente. ¿Cuándo culminará este ominoso calvario? ¿Tendré que soportar todavía mucho tiempo más esta infame condición llamada humanidad? ¡Oh! Solo espero que mi funeral llegue muy pronto; tanto que pueda ya degustarlo y, así, olvidar de una vez por todas que alguna vez, por desgracia, tuve que existir en este mundo deplorable y absurdo. Sí, olvidar por completo este plano repugnante del que jamás quise formar parte y al que detesto con todo mi putrefacto ser.

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La depravación del mundo es el único “progreso” alcanzado por esta infame especie humana. O, al menos, es de la que más pruebas se tiene… Basta con salir un poco a las calles y analizar lo que a los monos divierte y entretiene. Y quizás, en el fondo, todos somos parte de la mentira universal; de la eviterna danza cósmica en la cual nuestras almas se pudren y renacen sin sentido alguno por capricho de oscuras entidades desconocidas. Somos seres inferiores, eso es lo que pienso y siento con toda sinceridad. Nuestro cruento sufrimiento no le importa a nadie, y quizá no tendría por qué. Quien sea que nos creo y nos abandonó aquí sabía muy bien lo que hacía: cometió con ello un crimen imperdonable, acaso el mayor de todos… La existencia de seres tan limitados y decadentes como nosotros no podría ser jamás una obra divina o celestial; sería, en todo caso, un experimento fallido expulsado de cualquier posible paraíso.

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El que realmente haya conseguido ser él mismo en algún mundo, aunque sea el más lejano o extraño, que no vuelva jamás a la vida… Que no retorne sin importar si es la eternidad misma quien se lo pida o si es la divina providencia quien se lo suplique, que no ose poner en duda la esencia del más allá que lo cobija y lo protege de las infinitas tragedias de esta execrable humanidad. Quizá cuando morimos es cuando volvemos a nuestro verdadero origen, al halo misterioso y celestial del que temporalmente nos hemos desprendido para experimentar el sufrimiento más infame hasta el final; hasta que nuestras lágrimas de sangre no sean suficientes en la más deprimente y solitaria desdicha. ¿A dónde iremos? No sabemos de dónde venimos y nos vemos obligados a divagar absurdamente en este plano ominoso, plagados de una incertidumbre sin límites y aferrados a una falsa esperanza sin la cual, tal vez, ya nos habríamos matado desde hace tanto.

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Nunca he conocido a un ser cuyos ideales sean inmanentes y no los inculcados por sus padres, la religión, la televisión, la educación o cualquier artificio del opresor. Para ser uno mismo, según me parece, se debe experimentar un nivel de soledad y desolación sin presentes. De tal magnitud debe ser nuestra náusea existencial, que nos veamos obligados a refugiarnos en nuestro interior y comenzar a escuchar, acaso por vez primera, la voz divina cuyos ecos retumban sin cesar en nuestro corazón atormentado. Para encontrar quiénes somos de verdad, es indispensable primeramente no ser alguien; es decir, desprendernos de todas las máscaras funestas que el mundo y los otros se han encargado de colocarnos tan repugnantemente. Sobrescribir una y otra vez nuestros valores y creencias, siempre con nuevos lápices y sin temor a “perder” algo en el camino. ¿Qué más puede perder aquel extranjero que se ha cerciorado de no pertenecer a ningún lugar y de no adular ningún Dios? ¿Qué resta por saborear en donde ya se ha perdido el apetito sin importar la consistencia del manjar? No se puede perder lo que nunca se poseyó realmente, y ¿es que acaso algo más que nuestra propia muerte nos es totalmente necesaria ahora y siempre?

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Encanto Suicida


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