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La Agonía de Ser 14

La sobreestimulación era peligrosa, pues con ella se perdía gradualmente el interés en cualquier cosa. Ya nada era suficiente, ya todo era absurdo. No importaba si se trataba de pornografía, prostitución, drogas, sexo o demás tonterías… El hecho era que, de una manera u otra, ya no podía evitar sentirme vacío e indiferente. El problema era que, ciertamente, ya no podía sentir que este cuerpo era habitado por mí y que era yo mismo quien cometía todas aquellas barbaries.

*

Destino o casualidad, lo que sea que haya sido no importa. Lo único que puedo decirte es que besarte ha sido lo menos miserable en mi deprimente y ridícula existencia.

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Quise llenar, con tu cuerpo, el abismo de mi alma, pero lo único que conseguí fue hacer más infinito dicho abismo. Ahora me hallo en el fondo y mi suicidio es más que inminente.

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No existirían palabras que pudieran describir las mágicas sensaciones que experimento al contemplarte. Y es que ni siquiera necesito tocarte, pues el simple hecho de contemplar cada uno de tus elementos, tanto carnales como mentales, me hace amarte más allá de tu cuerpo, alma y mente. Me hallo perdido en la profunda belleza de tu mirada y tan solo la muerte, creo, podrá liberarme de tan delicioso hechizo.

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El espejismo de tu ser me tortura cada noche, siento tu sangre sobre mi rostro y me impacienta saber que impaciento a la soga. Todo lo que me queda es esa maldita sustancia que inyecto en mis venas con la esperanza de que, así, pueda desvanecerme un poco de esta funesta pseudorealidad donde tú ya no existes más.

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La Agonía de Ser


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