,

El Color de la Nada 53

La muerte no es otra cosa sino la más evidente prueba de que no importa lo que hagamos, creamos o sintamos; al final, todo será en vano. La muerte es, en sí, el inmerecido consuelo que obtenemos por no habernos suicidado a tiempo. ¿Por qué hemos sido tan cobardes hasta ahora? ¿Qué nos ha mantenido tanto tiempo atrapados en este plano superfluo y nauseabundo, rodeados de seres miserables y abyectos? No puedo saber si hay algo más allá de aquel umbral iridiscente, pero quiero creer que, se trate de lo que se trate, no podría ser peor que esta infernal existencia humana.

*

Pero al menos existe la muerte, si no pasaríamos todo el tiempo en una tragicómica equivocación como lo es la vida. Al menos siempre está ahí la hermosa posibilidad del suicidio, coqueteando con nosotros desde una extraña lejanía y atrayéndonos con una fuerza misteriosa. ¡Ay! ¿Cuánto más nos negaremos a aceptar nuestro lamentable destino? ¿Cuánto tiempo más desperdiciaremos en esta horripilante realidad? Lo que requiero es tomar aquella soga y colocarla alrededor de mi cuello, entonces finalmente todas las respuestas vendrán y a mí y no habrá ningún otro mono parlante que pueda volver a fastidiarme. Todo habrá terminado y ya no habrá necesidad de luchar contra todas las siluetas que parecen oscurecer mi sol y que me impiden completar la metamorfosis de mi bella alma. Todos mis recuerdos vuelven a atormentarme, pero sé que la sangre derramada purificará mi eterna agonía en el altar de la benevolencia suprema.

*

La única soledad posible se esconde tras la muerte, ya que, mientras estemos vivos, no importa qué tanto nos aislemos de los demás, jamás podremos aislarnos del todo de todos. Y, especialmente, aunque lográsemos lo anterior, nunca podríamos aislarnos de nosotros mismos. El horror en nuestro interior es algo que nadie podrá comprender jamás, porque solo ahí es donde ninguna luz podría proporcionar destello alguno de claridad. La batalla más feroz, el veneno más agridulce o la contradicción más irreal yacen en el abismo del cual emana el color de la nada. ¡Cuánto suelen estorbarnos los otros! Alucinamos con ser reyes, sin sospechar de cuántas personas, situaciones o momentos somos esclavos todavía. Nos atormenta sobremanera cualquier posible verdad, puesto que, desde el comienzo, todo lo que hemos conocido son espejismos funestos y argucias inconcebibles. ¿Cómo es que hemos podido existir de este modo tan atroz y ridículo? Me parece hasta inaudito que el suicidio no sea nuestra prioridad en cuanto nos levantamos de la cama, porque solo su esencia encantadora parece devolvernos un poco de nuestro halo y alejar temporalmente toda disociación o perturbación material. Haber nacido es el auténtico inconveniente, el origen del que se desprende toda la infausta desesperación que por siempre estará con nosotros y nos atormentará hasta el último de nuestros mundanos amaneceres.

*

El eco de tu voz retumba en estos pasillos derruidos, desangrando aún más la herida que se abrió en mi alma desde aquel día donde te quitaste tan majestuosamente la vida con la misma soga que justo ahora enrollo en mi cuello. Pero no soy tan valiente como tú, ¡soy un maldito cobarde e hipócrita! No importa cuánto diga odiar la vida, a mí mismo y a mis semejantes, sencillamente no puedo hacerlo. No comprendo cómo es que tú sí pudiste lograr tal empresa, pero supongo que tu frustración y hartazgo debieron ser mucho mayores que los míos. O tal vez es simplemente que a ti ya no te importaba nada, ni siquiera yo, pues, con tu suicidio, se consagró la más sombría locura en mi frágil mente.

*

De nada sirve odiarlo todo si uno no está dispuesto a odiarse más que a todos. Nuestro principal enemigo yace en nosotros mismos, en lo más profundo de nuestro ser. Es como un parásito que se enquista en nuestro espíritu y lo va devorando lentamente sin que podamos hacer algo al respecto. Al final, todo lo que queda es un vil recuerdo de lo que creíamos haber sido y un ridículo anhelo de lo que esperábamos ser.

El Color de la Nada


About Arik Eindrok

Deja un comentario

Previous

Ecos de Angustia 01