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Perpetuidad

Te guardo en la profundidad menos dilucidada del ser, en donde ninguna oscuridad podría hacerte desfallecer. En los momentos donde me abstraigo es solo tu imagen la que pende del hilo que arroja esperanza entre las almas endurecidas y convencidas del absurdo. No obstante, me mantengo y es gracias a tu contemplación que se ha deleitado mi cabeza. Te he adorado en la gracia que me ha sido dada y a cuya certeza invariablemente fluyen mis entelequias y mi energía desbordada. Cómo quisiera poder preservarte hasta el último día de este universo dentro de mi alma. Cómo quisiera hacerte entender todo lo que me haces sentir cuando, tan tiernamente, me abrazas y mi locura calmas.

Paso en llanto las solitarias épocas de los milenios sangrientos, añorando tus caricias. Y bien sé que somos más intrascendentes que el polvo de nuestras decoraciones mundanas, pero, al mismo tiempo, te extraño con la misma intensidad con la que mi sangre fluye por mis venas en esta figura de carne y hueso en que la me siento preso, y que rechazo con vehemencia. Descubrí el sufrimiento para que la máxima sabiduría fuese rebajada hasta lo que soy y, así, yo elevarla con mayor vigor. Lo que descubro en ti hace refulgir esa profundidad que inexplicablemente sobrepasa cualquier divinidad cuando unes tu saliva con la mía y se prolonga el escenario donde intercambiamos hasta el último verso.

Tu magnífico intelecto y tus irrepetibles formas de entender la naturaleza humana señalan la vereda para barruntar las conjeturas menos gastadas que, en la locura y la adoración, trastornan mi alma hasta fulgurar y dar nacimiento a una ilusión, suficiente para el momento en que creo desfallecer si no tengo tu aliento y sostengo tu tierno y dulce rostro que, en el interior, engrandece lo que por ti siento. Eres una hermosa pintura encarnada cuya existencia representa para mí lo más sublime y sagrado en esta tragicomedia llamada vida. Eres lo que yo más cuido y admiro en este mundo infame y putrefacto. Sí, eres tú la mágica y radiante estrella que ilumina las tinieblas de mi destino suicida.

Para: ella, mi eterno e imposible amor…

Libro: Anhelo Fulgurante


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