El mundo ya se debe terminar, de eso sí que estoy brutalmente seguro. No importa qué justificación se dé, es evidente que este conglomerado de miseria y putrefacción no puede continuar así… ¿Cuántas veces nos hemos mentido a nosotros mismos creyendo que todo va a estar bien? El mañana no puede traer sino más angustia y nuevos e inauditos horrores. El ser humano es una criatura ruin y estúpida, esclava de funestas creencias y ansiosa de un poder demasiado efímero. Las posibles virtudes se ven ahogadas ante el ominoso despliegue de contradicciones y miseria infinita que diariamente azotan este infierno terrenal, que aguardan en las sombras para devorar toda posible esperanza. ¡Qué gran tontería pensar que estábamos destinados a algo más o que somos la creación de alguna entidad divina! Somos marionetas abyectas que, en todo caso, sirven solo como grotesco entretenimiento de monstruosidades más allá de nuestra patética imaginación. Ni siquiera sé por qué un mundo como este sigue en pie, acaso solo para continuar con el siniestro proceso de contaminación de almas y el enloquecimiento del espíritu. ¡Oh! Encarnar en esta inmundicia latente debe ser un castigo para algo demasiado grave cometido en un posible más allá… Y, cuando miro a las estrellas, no puedo evitar que una nostalgia sin parangón se apodere de mí; ¡cómo detesto esta existencia en la cual mi corazón se rompe en mil pedazos conforme más el tiempo silencia los ecos del perdón! Si fuera posible escapar, retornar ahora mismo hacia el punto de quiebre; mas no hay posibilidad de que esto sea así. Quisiera poder amar un poco a mis semejantes, pero la verdad es que lo único que me producen es una profunda náusea y un deseo irrefrenable de no volver a relacionarme con nadie jamás… Lo que necesito no es la compañía de más títeres ni las caricias de más mujerzuelas, lo que necesito es largarme de esta dimensión y que todos mis recuerdos aquí desaparezcan durante el proceso.
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Solo hay una cosa que quiero escuchar antes de morir: los últimos latidos de tu corazón. Sé que fuiste el amor de mi vida, aunque en mi vida no seas sino un recuerdo que me niego a desechar de mi ser. Sí, me niego a olvidarme de ti y me pierdo en dementes ensoñaciones cuando pienso en el sabor de tus místicos labios y en la fragancia de tu sublime hermosura. ¡Oh! ¡Cuántas veces no caí rendido ante tu magnificente silueta! ¡Cuántas veces no volví a hacerte el amor en mi mente al volver loco, solo y ebrio a mi lúgubre habitación! Donde sea que estés ahora, solo espero que seas feliz sin mí. Yo, evidentemente, nunca lo seré sin tus caricias deslizándose sobre mi alma fracturada. Y desde que te fuiste, lo único que quiero es cerrar mis melancólicos ojos e imaginar que tú aún estás aquí; que es tu voz y tu calor los que me acompañan esta noche suicida, y no los de la más recalcitrante soledad. A veces no puedo concebir cuánto daño nos hicimos y, aunque creía amarte, cuánto lastimé tu angelical corazón. Hay cosas por las que jamás podré perdonarme, eso bien lo sé… Y una de ellas, claro está, es el haber rozado tus labios tan solo por unos instantes, pero solo para perderte el resto de la eternidad. Ni siquiera las estrellas podrían consolarme en esta oscuridad perenne, pues tu luz, nuestra luz, se ha esfumado para jamás volver a encenderse ni tan siquiera un poco. ¡Ay! ¿Qué será de mí ahora? Debo ser fuerte, lo sé, mas sin ti me siento como un náufrago cuyo amor no tiene rumbo ni sentido. Sin ti, muy probablemente, mi sonrisa será devorada por la tristeza y mi corazón se marchitará mucho antes de mi indispensable funeral.
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Parece mentira, pero es tan real: a la humanidad le basta con creer en algo que nunca existió para cegarse y entregarse placenteramente a la banalidad. Aunque creo que es natural, más bien soy yo quien se ha autoengañado terriblemente al esperar algo de una raza tan miserable y abyecta como esta. El mono parlante es una criatura nauseabunda y supersticiosa hasta el extremo, una marioneta de entidades más allá de su limitada imaginación. No es de extrañar, así pues, que aquellos quienes gobiernan esta funesta pseudorealidad harán todo lo posible para esparcir toda clase de ideologías que los títeres creerán en su imperante e infinita ignorancia. ¿Hasta cuándo proseguirá este ciclo ominoso de adoctrinamiento masivo y lavado de mentes? Creo que nunca conoceremos el final de esta tragedia siniestra, puesto que este mundo y todo lo que lo compone está destinado a la devastación y la intrascendencia. Quizás aquellos que nos crearon sabían ya de antemano que así sería y, por ello, no han hecho acto de presencia ni conciben mínimamente volver aquí. Y puede que entonces seamos una de sus tantas creaciones, ya sea por mero aburrimiento o por horripilante casualidad; lo que es un hecho es que somos una creación fallida y conminada al abismo sempiterno de su irónica inconsciencia. El superhombre ha sido únicamente una alucinación sombría, un delirio de un hombre que no fue capaz de aceptar la putrefacción de su mísera especie. El exterminio de todo lo humano es más que indispensable para que pueda surgir algo parecido a un idilio; algo que nosotros, desde luego, ya no podremos contemplar. Entonces tendremos, quizá, tiempo de sobra para atormentarnos por nuestra insondable inutilidad y por todas las veces en las cuales decidimos, de la manera más torpe, aferrarnos inexplicablemente a cada uno de nuestros patéticos errores. Y, desesperados, nos despedazaremos en cruentos lamentos de amargura que habrán de sellar nuestras tumbas plagadas de náusea, sinsentido y horror existencial.
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Te esperaré y amaré hasta que el suicidio me arrope con su inmaculada calidez, hasta que la muerte hunda sus garras en mi alma atormentada y hasta que fallezcan en mi interior estos insanos deseos por volver a besar tus delirantes labios. No sé si eres tú el destino de mi corazón melancólico, pero añoro volver a estar entre tus brazos y, si es posible, hallar en ellos el dulce ensueño del olvido eterno. Tu mística y sensual hermosura es algo que no podría asimilar en mi tonta humanidad, algo que siempre me enloqueció con una fuerza semejante a la del caos sempiterno. No sé si a partir de aquí seguiré vivo o si me cortaré las venas esta misma noche, mas no puedo continuar huyendo de mi soledad y pretender que tu recuerdo no me persigue cada agónica madrugada de invierno. Y no importa realmente cuántos años transcurran ni cuántas estrellas pierdan su brillo, yo te esperaré y amaré por encima de cualquier posible realidad. Si este mensaje llega a ti en sueños, solo quiero decirte que cada día sin besarte y sin adorar tu divino rostro es para mí un crimen para el cual ninguna condena resultaría suficiente. Dime, mi eterno e imposible amor, ¿qué hago yo en esta triste dimensión sin que tus manos de ángel vuelvan a acariciar mi rostro marchito? ¿Volveré a escuchar el melifluo de tu voz llamándome desde el cielo, mientras yo más me hundo en las tinieblas de mi inmanente infierno?
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No voy a negar que te amaba, pero también deseaba matarte… Y esa maldita dualidad es la que ahora me tiene besándote mientras me empapo el rostro con tu sangre. Quisiera que todo esto fuera solamente una alucinación de mi memoria alterada, pero resulta tan sumamente enloquecedor saber que he alterado mi destino de esta manera… Las sombras me dominarán desde ahora y no encontraré consuelo en absolutamente ningún cielo o infierno; vagaré por el limbo donde la culpa y el odio terminarán de devorar mi alma compungida. Todo lo que siempre quise fue amarte, tanto como me lo permitió mi humana y pestilente naturaleza. ¡Juro que traté mil veces de consolar a tu corazón sin que mi lúgubre locura fuese un impedimento, sin que todas mis manías volvieran a conquistar los espejos en mi interior! Mas quizá todo aquello fue un espejismo en el cual creí ciegamente, puesto que me sentía más solo y triste que nunca… No obstante, no quise detenerte; no quise impedir lo único que ya nadie más podría quitarte: tu libertad. Y solo yo me atreví a arrebatar de tu cuerpo aquella hermosa e inmarcesible sonrisa que ya jamás volverá a resplandecer con aquel peculiar brillo estelar… ¡Oh! Dios mío, ¿es que mi sufrimiento encarnado recién comienza a hacerse latente a partir de estos momentos oscuros en los cuales siento tambalearse mi último ápice de cordura y bienestar? ¿Por qué sigo aquí, sin ti? Abrazando tu cuerpo mortecino y añorando que tu espectral silueta se aparezca de pronto para volver a hacerte el amor antes de mi suicidio.
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Romántico Trastorno