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Vorágine

Y, cuando me pierdo en la vorágine de tu fabulosa mirada, ¡créeme!, atisbo un alma tan pura que me aterroriza pensar en el daño que este mundo infernal podría causarte. ¡Cómo quisiera cuidarte, protegerte, acariciarte! Quisiera estrecharte entre mis brazos para sentir que esta noche al fin moriremos y que, afortunadamente, ya no habrá un mañana. A veces hasta pienso en lo indigno que es el que tus pies rocen este infame suelo humano, pues, más allá de este traje de carne y huesos, debes tener un alma jodidamente hermosa. Y eso es lo que en verdad me hace adorarte; lo que me hace, sencillamente, preferirte por encima de todo y de todos. Tal vez pienses que exagero, tal vez te parezca que estoy enloqueciendo o que solo lo digo porque estoy aburrido. Puede que no creas ni una sola palabra de lo que mi mente piensa que tú eres, de la fabulosa magia que se parapeta en la región más profunda de tu mirada. No importa, sé que al final lo que por ti siento terminará por devorarme.

La verdad es que no te miento; la verdad es que, para mis ojos y mi alma, solo la tuya me parece así de interesante. Y no sabes lo difícil que es dejarte, lo terroríficamente difícil que es volver en ese maldito avión sabiendo que la noche llegará y que no podré sentir el calor de tu respiración ni el sabor de tu embriagante boca, que no podré despertar y decirte que eres la razón por la cual palpita este triste corazón. Sé que parece tan contradictorio, pues la tristeza parece no dejar espacio a ninguna otra emoción en mi ser. Pero no podría seguir existiendo si no te dijera una sola cosa: necesito de ti más de lo que podrías colegir. Sí, necesito de tu existencia, de tu compañía, de tus besos, de tus abrazos, de tus caricias, de tus manos, de tus piernas, de tus cabellos, de tu alma, de tu ser completo… Necesito de ti en todo momento y en todo lugar, sin importar nada más. Porque tenerte es mi obsesión y besarte mi adicción, porque para este perdedor tú lo eres todo.

Te necesito tanto, pero tanto que hasta me parece que, sin ti, mi corazón ya no quiere latir. Sin ti, mis pulmones ya no quieren respirar, mis dientes ya no quieren masticar, mis ojos ya no quieren observar, mi mente ya no puede tolerar la horrible realidad. Y no sabes el miedo que tengo de que un día te vayas, de que no me dejes siquiera volver a mirarte, aunque sea desde la lejanía. No sabes cuanta falta me haces en cada amanecer, en cada noche de muerte que se avecina y donde me sostengo tan solo de tu resplandeciente recuerdo. Sí, porque solo tú tienes esa habilidad para hacer que las llamas que consumen mi interior se apacigüen y que únicamente pueda mirarte como un tonto cada que sonríes. Me encanta cuando me persigues en sueños y me conduces a la vorágine de la inexistencia, ya que es precisamente ahí donde quisiera desfragmentar cada partícula de nuestra esencia hasta sentir que ya no volveremos nunca más a ser humanos y, por lo tanto, que jamás volveremos a separarnos.

***

Caótico Enloquecer


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