¡Qué horrible y absurda era la vida! Pero más aún lo eran esos pobres diablos que, en su infinita y cruenta ignorancia, se atrevían a proclamar con vomitivo cinismo que la vida era hermosa... Me imagino que estos mendigos de la pseudorealidad verdaderamente nunca han hecho ninguna reflexión seria al respecto, o que sus mentes están ya tan adoctrinadas y huecas que simplemente aceptan sin cuestionar todo lo que les es impuesto por los oscuros y repugnantes intereses que gobiernan este infierno humano tras bambalinas… ¿Por qué diablos existía algo así? ¿Por qué la humanidad no podía irse al diablo de una vez por todas? Realmente, ya no soportaba nada ni a nadie; mucho menos a mí. Pronto, en verdad muy pronto, no me quedaría otra opción sino matarme. ¿A qué otra conclusión podía llegar un demente como yo? Largarse para siempre de esta cloaca insana y putrefacta llamada existencia humana en la cual nunca pedí estar, y en cuyas fauces se desangra sin cesar mi alma atormentada.
*
Antes solía odiar y aborrecer por igual a las moscas y a las personas… Estaban para mí en el mismo nivel de suciedad, molestia e impertinencia. Hoy en día, creo que puedo estar tranquilo con las moscas; hasta deseo su compañía por encima del mono parlante. ¿Qué se puede obtener de una interacción cualquiera con las personas? Todas buscarán manipularnos, implantarnos sus ominosas creencias y, encima, dirán apreciarnos… ¡Más mentiras para aquellos imberbes que aún esperan algo de lo humano! Ahora entiendo por qué Dios abandonó a su nefanda creación: ni siquiera él puedo soportar algo así de imperfecto.
*
Todo importa y, al mismo tiempo, nada importa. He ahí una de las más grandes paradojas duales de esta contradictoria y sombría existencia. Y ¡qué jodidamente difícil es permanecer en el punto medio! ¿Acaso resulta adecuado hacerlo? Después de todo, ¿qué más da? Si creemos en Dios o no, si hacemos el bien o el mal, si nos matamos o elegimos seguir sufriendo… Hay algo que ya nunca podrá ser olvidado ni eliminado: nuestro infame pasado y la fatal desdicha de seguir en un mundo tan pestilente y absurdo como este. ¡Ay! Si fuera posible huir a lo más lejano, escapar hacia las estrellas más luminosas y permanecer en un estado infinito de eterna y gloriosa inexistencia.
*
No me importaba ya mi vida, pues desde hacía mucho había decidido tan solo ser para el encanto suicida. No obstante, parecía que yo le desagradaba a la muerte… Ya que, aún en contra de todas las posibles causas de extinción con las que diariamente podría toparme, me encontraba todavía en mi habitación escribiendo estas absurdas líneas y brutalmente ebrio. Al menos era un consuelo, supongo, creer que la vida sí me quería. Aunque yo, por otra parte, ¡la aborrecía a la maldita desgraciada! Y es que yo nunca pedí nacer, yo jamás solicité habitar este cuerpo… ¿Por qué razón entonces debía naufragar junto a todos esos monigotes a mi alrededor en este océano de putrefacción infinita? Mejor sería jamás haber conocido nada de esto, mucho menos haber habitado esta deplorable forma humana. Ya no hay vuelta atrás, empero; esto se trata de algo irremediable. Lo único que resta, así pues, es contemplar el siniestro y nauseabundo paso del tiempo con la falsa esperanza de poder cortarnos las venas el domingo próximo por la tarde… Y no volver jamás a contemplar otro lamentable amanecer, no volver nunca a entablar conversación con ningún otro patético mortal. Simplemente, no volver a ser bajo ninguna excusa y no retornar inexplicablemente a este calvario sempiterno.
*
Te vas a morir. Tus padres se van a morir. Tus amigos se van a morir. Tu novia se va a morir. Tu esposo se va a morir. Tu perro se va a morir. Tu gata se va a morir. Tus profesores se van a morir. Tus ídolos se van a morir. El sol se va a morir. El mundo se va a morir. Dios ya está muerto. El diablo no existe. La vida misma morirá algún día… ¡Con un demonio! ¡Vuélvete un maldito asesino del tiempo! ¡Destroza cada maldito momento y haz que cada maldito segundo valga una eternidad! ¡Ve a embriagarte, fornica e inhala cocaína! Luego, ¡vuélvete un santo, medita y ayuna! Haz todo lo que se te de la puta gana sin importar nada, porque, al fin y al cabo, ¿importa algo sabiendo que todo está condenado a desaparecer? ¡No, mil veces no! Así que, ¡por el amor de Dios!, vive como si te fueras a morir esta noche y muere como si nunca hubieras vivido…
*
¿Cuántos de nosotros realmente existimos y cuántos tan solo creemos que lo hacemos? Quizá, de hecho, existir ni siquiera tenga algo que ver con nosotros. Tan solo somos, probablemente, un desecho de lo que es la verdadera existencia. Basura existencial, por así decirlo, pero jamás existencia. En ninguna concepción me parece que el ser sea lo más evolucionado que haya podido surgir del vacío o de donde sea que lo hayan sacado. Pero continuemos engañándonos, como tanto nos fascina. Continuemos pretendiendo que somos algo más que polvo e ignorancia acumulada en un imperfecto estado del espíritu. Nuestros sermones de poco han servido hasta ahora, y creo que hasta de nada… El mundo continúa su feliz descenso hacia el abismo de la fatalidad y el horror existencial, sin que nada ni nadie quiera o pueda evitarlo. En nosotros mismos, tenemos ya la prueba contundente de ello: nuestra ominosa inutilidad de la que somos presa todos los días y la aberrante estupidez de la cual difícilmente podemos librarnos. Estamos totalmente a la deriva, esperando a que el primer golpe en nuestra contra sea arrojado y nos desplome con fortuna iridiscente. Y supuestamente ya casi comienza la época de la gloriosa salvación, esa donde la fe será recompensada… Lástima que ya ni siquiera tenga ánimos para vomitar una última vez todas estas tonterías o desternillarme de cada palabra articulada por mis funestos semejantes. Ahora ya solo tengo ánimos de colgarme y de experimentar una fracción de todo cuanto nunca pude acariciar mientras fui asquerosamente humano.
***
El Color de la Nada