Solo a ti te podría contemplar con inefable dulzura por el resto de mi decadente existencia, solo a ti te admiraría cada día hasta dilucidar en la insondable hermosura de tu acendrada mirada la muerte más poética. En tus mágicos y sensuales labios posaría mis más sublimes poemas y entre tus brazos hallaría la única razón para continuar respirando en este sinsentido eterno…
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Tan solo bastó de unos momentos para entender que, después de ese primer beso, mi espíritu te pertenecería hasta que mi mano plasmara, en tu honor, este último verso.
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Lo que me haces sentir me tiene paralizado, ensimismado de una manera extraña y estúpida; tanto que me asusta pensar en ti por un largo periodo, ya que te apoderas de mi sombría mente con una majestuosidad límpida y avasallante. Y es que no sé, en verdad que no… Pues quisiera creer que el mismo efecto te ocurre a ti cuando, acaso por casualidad, llego yo a estar, muy brevemente, en tus más etéreos y profundos pensamientos.
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Tú siempre me vas a encantar locamente; ya que lo que me gusta de ti, evidentemente, va mucho más allá de tu forma física… Yo amo cada fragmento de tu ser interno, de tu alma inmaculada y de tu mente trastornada. Yo amo tu luz y tu oscuridad, tu parte masculina y la femenina. En verdad, te amo cuando estás feliz, triste, eufórica o melancólica. Yo amo todo lo que tú amas en ti y mucho más lo que odias; amo tu parte más divina y la más humana por igual. Yo quiero amarte, porque entonces creo que, amándote, amo también a Dios. Y quiero creer que, asimismo, Dios podría amarme por amarte yo a ti. Tal vez no sea así, pero mi amor por ti jamás se desvanecerá sin importar si mi cuerpo y mente fenecen en la más terrible oscuridad.
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Detestaría pensar que algún día podrías engañarme, que podrías besar los labios de alguien más, puesto que entonces, irremediablemente, la vida tendría que arrebatarte… Y es que ¿cómo podría yo, un simple y tonto mortal, soportar la insoportable realidad sin el fulgor de tus besos y sin el embriagante encanto de tus caricias?
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Amor Delirante