El sinsentido de vivir

Ecos de desperdicios contaminados hiriendo los razonamientos del desatino

Pensados para devolver el néctar del intestino cuando lo solicite el decaimiento

Perdido en el caos estúpido de la civilización y su asquerosa putrefacción

Más días sufriendo, martirizado por el suicidio poético que añoro con pasión

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Se han tergiversado de sibilinas formas las percepciones de mi trastornado hado

Lo que antes fueran bucólicas flores ahora se presentan como inmundas derrotas

No sé qué execrable modo de matarme es este, pero lo terrible es no reconocerme

Siempre fui como el resto, tan adoctrinado y banal como los humanos que he odiado

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Se han secado los diáfanos pétalos que resguardaban la mágica esencia del prisionero

Ya no hay nada qué plasmar, desear o aprender, pues solo la muerte me ha de pertenecer

Me entrego irremediablemente a su adoración, a la espera de su prismática abstracción

Le imploro me retire de esta repugnante y absurda especie a la cual no hago sino detestar

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No obstante, me odio a mí mismo tanto como a los pútridos humanos y su falacia

Sé que ellos disfrutan tan naturalmente pudrirse en su insuperable y recalcitrante miseria

Y yo, siendo solo un títere más, no puedo volver a mi anterior estado de cruel pestilencia

Lo cual es bello, pues, si lo hiciera, tendría que apagarme en los laberintos de la existencia

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Lo único que sostengo es la ínfima llama del suicidio ardiendo en los instantes del dolor

Me he sentido tentado a extinguirla, pero su color me recuerda la sombra del amor

Con sus sinfonías lejanas y opuestas a esta náusea infame en la que se tornó el mundo

Es un milagro que continúe centelleando la muerte como jamás lo hará el ser inmundo

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¿Para qué prolongar la tortura? ¿Para qué soportar por más tiempo la insulsez de la vida?

¡Cuán hermosos son los poetas cuando siguen el sendero crepuscular de la verdad!

¡Con qué etéreo fulgor se elevan los suicidas, tan desesperados por abandonar sus cuerpos!

Estoy seguro de que dios ama como nunca a quienes se matan en el comienzo de la agonía

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¿Para qué engañarse con arte, literatura, poesía, ciencia y demás mundanas concepciones?

Lo que el humano ha diseñado para cegarse y matizar su sinsentido es detestable

La existencia se ha convertido en un lienzo sin colores, en un martirio imposible

La humanidad y este mundo están podridos, y ahora solo la muerte me hará sentir a salvo

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Libro: Divagando en el Sinsentido


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