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Siluetas Concomitantes

Una mañana soleada golpeaba la ventana de los horrores pasados

Pernoctando en la esgrimida oración de la contemplación mejor orlada

Pensativo e intranquilo me revoloteaba entre las sábanas ensangrentadas

El sol anunciaba entonces la llegada de la renovación más sagrada

.

La purificación no salió como esperaba, pero fue sutilmente adecuada

Cada miembro de mi nuevo cuerpo se ajustaba a las capas del alma

El alba refulgía con inquietante cromatismo y tu ser vibraba alucinado

Ahora sé que vivirás por siempre en mí, aunque haya llegado tu fin

.

Cuán humanos fuimos en el breve tiempo que compartimos en este idilio

Soñamos tanto que nos olvidamos de nosotros mismos, de aquel instinto

Y, aunque el sufrimiento de mi incapacidad jamás fue determinante

Sé que hubiera sido posible permanecer juntos aún tras el suicidio

.

Ahora no estás aquí, tu extracto poético no marca ya el trágico devenir

El tiempo se detuvo en mi interior desde que visité junto a ti el templo

Éramos una locura sin futuro, una historia prohibida en este mundo impuro

Los privilegios que me conferiste se tatuaron en el murmullo de tu efigie

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Entré en el mágico aposento y los miré bailando, felices por el nuevo reino

En los muros quedaron atrapadas las estrellas que presenciaron los encuentros

Los desvaríos de mi memoria se convierten en el cadalso del amor sin regazo

¡Cuántos temblores hubiese soportado el corazón bajo el conjuro de la extinción!

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Tus ojos carmesí embotaron mis razones, envolvieron de colores mi mísera condición

Y esos finos cabellos aún los siento al volver una y otra vez al sepulcro perfecto

Un mensajero ha llegado a la cabaña para aconsejarme y sugerirme la conmiseración

Estaba escrito, tal vez, que yo debía ingerir las sombras para apaciguar el infierno

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Tantas quimeras no hacen sino despedazar las armas que conservo inmaculadas

Me trajo aquí y me encerró en este extraño féretro donde espero tu llamada

Si acaso hubiese una migaja de tu esencia, podría abandonar mi carne putrefacta

Y volar, cual cerúleo colibrí, hasta el aposento donde se conserva intacta tu alma

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Para: ella, mi eterno e imposible amor…

Libro: Triste Insania de Amor y Muerte


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