El Color de la Nada 59

Todo muere inevitablemente, esa es la gran y única verdad que el ser se empeña en olvidar a toda costa. Las personas mueren todo el tiempo, la vida es en gran parte un acto de perpetua y hermosa muerte. Incluso el sol, el sistema solar, la vía láctea y el universo entero morirán algún día. ¿Qué más da, entonces, que muera también nuestro amor esta noche? Y ¿qué más da di esta noche, también, incrusto finalmente esa resplandeciente navaja en mis venas y me sumerjo en el dulce abismo del silencio eterno? No tendría ningún caso continuar aquí, en este mundo enfermo y triste que tanto detesto y en el que jamás quise estar… Algo o alguien me forzó a existir en esta deplorable forma humana, por alguna razón que no puedo reconocer. Lo que sí puedo hacer, no obstante, es acabar conmigo de la manera más contundente… Sí, acabar de una vez por todas con mi tristeza, mi soledad y mi sufrimiento; hundirlo todo en un lamento final de fatal melancolía del cual no sea posible retornar nunca. Eso y no otra cosa es lo único que añoro ya, porque seguir viviendo así, sin tus besos ni tus caricias, es para mí lo mismo que estar muerto.

*

Vale realmente la pena preguntarse si amar no es el acto más absurdo dentro del infinito absurdo de esta infernal existencia. ¿Qué es amar, para empezar? ¿Acaso no es injusto el amor? ¿Dar todo por alguien que no da nada por nosotros? O, en su defecto, ¿que no lo da en igual proporción? ¿El amor es reciprocidad entonces? ¿Qué no es el amor? ¿Por qué queremos amar? O, tal vez, ¿solo queremos ser amados? ¡Que me lleve el diablo! Por mi parte, prefiero estar borracho mil veces antes que estar enamorado. Y prefiero un millón de veces quitarme la vida antes que amar a otro ser humano, antes que volver a creer que es posible sonreír en esta anómala dimensión y que existe esperanza alguna para un patético mortal como yo. ¿Qué será aquello que se oculta detrás de todas mis lágrimas nocturnas? Aquella bestia crucificada en el altar de los impíos, ante la cual mi felicidad es solo una tragedia de mis más humanos delirios. ¿De qué sirve existir? Sufriremos hasta el final, sin que nada ni nadie pueda hacer algo para evitarlo. Somos, a lo mucho, marionetas funestas de alguna entidad retorcida que se regocija en su trono atemporal con nuestra miseria cotidiana y que defeca en cada una de nuestras aciagas plegarias.

*


About Arik Eindrok

Deja un comentario

Previous

El Color de la Nada 58