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Catarsis de Destrucción 10

La verdad era que todas las relaciones entre dos seres se reducían a sexo y nada más… Así de vacía e inútil era la interacción que se buscaba matizar con amor por los nauseabundos seres humanos. Yo mismo había experimentado esto en carne propia en múltiples ocasiones y la sensación era tan destructiva como sangrienta. Lo mejor era siempre estar aislado del resto, encerrado y deprimido en mi habitación sin que a nadie le importase mi bienestar; mucho menos a mí. La desolación en el alma que sentía luego del fatal acto carnal me dejaba absolutamente conmocionado y desarmado, totalmente fuera de cualquier posible comprensión. Era como si una parte de mí muriese tras cada noche de desenfreno sexual, botellas, pastillas, jeringas y mujeres elegantes… ¿A dónde me llevaba todo esto? Pero bueno, en todo caso, creo que no importaba realmente. No importaba porque desde hacía mucho tiempo atrás toda esta crápula era algo secundario, algo como una distracción infame. En el fondo de mi corazón, el recuerdo de aquella mujer a quien sí había amado siempre me atormentaría; y tal vez solamente la muerte me haría olvidar por completo esta horripilante pesadilla existencial en la que me había hundido sin que nada ni nadie pudiera evitarlo.

*

Te extrañaba demasiado, pero también entendía que mis deseos solo te hacían daño. Así pues, convencido de mi horripilante condición, decidí quitarme la vida para tu eterna adoración. ¿Qué más podía hacer, mi eterno e imposible amor, si ni siquiera en mis más solitarios ensueños podría dejar de alucinar con tus delirantes besos? Y si quizá ni siquiera muriéndome pueda dejar de amarte con mi corazón tan terriblemente deprimido y necio.

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Y, aunque pensaba que nuestro amor sería diferente, terminamos por arruinarlo todo. Sí, también supimos entonces que no quedaba nada ya; que estábamos igual de consumidos que todos por la pseudorealidad y que ya tan solo el suicidio podría remediarlo todo. No tendría ningún caso continuar, ¿para qué? Solamente encontraríamos más dolor y desasosiego en esta aberrante pesadilla existencial de la que por desgracia nos hemos visto obligados a formar parte. Pero todo en vano, porque no existe ningún sentido para estar aquí y ahora. ¡Por supuesto que no! Ya en múltiples ocasiones he intentado autoengañarme como el resto creyendo que sí, pretendiendo que mi vida tiene un propósito desconocido y hermoso… Mas este fúnebre consuelo funciona únicamente para las mentes débiles y los espíritus poco profundos, puesto que ellos pueden abrazar su propia ignominia con magistral ahínco. Para mí, nada de esto significa gran cosa; incluso nada… Para mí ya tan solo la tristeza y la soledad preservan un poco de sabiduría, porque son ellas quienes nos acercan a la muerte y a las reflexiones más desgarradoras y sinceras. ¡Ay! ¡Qué difícil es no salir corriendo despavoridos en cuanto comenzamos a vislumbrar la infinita oscuridad en la que divagan nuestros corazones rotos y atormentados!

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No sabes lo que daría por reflejarme en el fulgurante destello de tu mirada una vez más, pero no creo que sea posible. Creo que mi única alternativa antes de matarme es imaginarte como el primer día que te vi: hermosamente ajena a mí.

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Podría decir muchas cosas más, pero la verdad prefiero callar; prefiero tan solo observar cómo el dolor me apabulla mientras tú sonríes en un mundo donde ya no hay lugar para mí.

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Catarsis de Destrucción


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