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Nunca más humano

Sentado sobre la buhardilla de esta rústica ciudad enfermiza y jadeante

Derramaba el licor nauseabundo que en mi boca laceraba una conmoción diferente

Suspiraba y maldecía mi suerte al verme inerte ante la absurda y patética existencia

No era fácil aceptar la verdad, la irremplazable llama que se filtraba por la reja

.

Ineficaz se tornó el quejido agudo de mi garganta ensangrentada de tristeza

Fueron tus ojos los que traté de alcanzar entre el humo sibilante de esta fortaleza

Prisionero, insensato ignorante de la máxima patraña que ha cubierto el globo entero

Soñador eterno de una supernova divina que destruya la existencia y su muerte eterna

.

¿Qué es verdad sino aquello que, en su miedo, oculta el dios blasfemo y decadente?

No más adulación ni ambiciones que no sean por el arte, la literatura o la música

Porque en la época actual la desigualdad reina como avatar de las masas sin cerebro

Y, en el peñasco grotesco, fueron envenenados los exégetas del cambio verdadero

.

Es todo lo que estos ojos tristes alcanzan a percibir encerrados en una moldeada solapa

Los recovecos se atiborraron con las almas puras e intactas de los demonios sublimes

¿Es esto lo máximo que puede ofrecer el humano esclavizado en su destrucción?

¿Acaso esta miseria es la única e irreemplazable verdad matizada por discernir?

.

Nada escapaba ante los mondos y magnificentes ojos del ojo, todo lo otro se vertía

En las copas de los inhumanos líderes que los pueblos veneraban cual abyectos títeres

No hay ya melodías señeras ni manos hábiles en lo que a reflejar un paraíso se refiere

Ruin sentencia consagrada y concomitante con la putrefacta creación de lo superfluo

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Marismas aciagos y cósmicos giros retorcían la esfera del horror supremo

¿Habría un mañana donde la risa de pocos no fuese la desgracia de la mayoría?

¿Podría ser un poco menos injusta esta náusea donde yace el trivial humano?

¿Podría vivir de nuevo y experimentar la travesía sin dispararme con este silencio?

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Por cualquier parte del cosmos gritaría la injusticia de una vomitiva sociedad

Entre más pienso, más me arrepiento de ser como aquellos en quienes impera lo banal

Escucho sus metas y lo que esperan lograr, estúpidos prisioneros de lo terrenal

Mendigos de la esencia magnificente que las perlas herméticas han de ensuciar

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Libro: Irrefrenable Tristeza


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