Qué difícil es intentar respirar un poco más, cuando en realidad lo único que quieres es ahogarte cuanto antes… Y cuán complicado resulta soportar la existencia en este plano infernal, sabiendo que la muerte es la única y eterna salvación.
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Solo la muerte imperaba ya en el derruido universo donde fui el pésimo protagonista de una deprimente historia que jamás debió haber existido, pero que trajo consigo la mayor desesperación posible… La desesperación de existir en un mundo malsano y absurdo como este, abandonado por los dioses y condenado a la desolación infinita.
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Aunque nuestro amor haya fenecido, quiero que sepas que aún te amo. Sí, aún pienso en ti más de lo que podrías colegir y experimento convulsiones cromáticas que alborozan mi espíritu hasta el más allá cuando ilusamente sospecho que te podría estar ocurriendo lo mismo.
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Debí darme cuenta antes de que jamás serías para mí, de que tu corazón ya palpitaba por alguien más y de que todo lo que sentimos no fue sino una quimera en mi triste y patética realidad. No obstante, debo decir que me sentí encantado de haberme deleitado con tus iridiscentes caricias y el caos místico que emana de tu interior; aunque haya sido tan solo por tan efímero periodo, aunque quizá todo haya sido solamente un delirio de mi alma atormentada y deprimida.
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Los humanos ya no deben existir, de eso estoy seguro; la gran purificación debe comenzar cuanto antes… Solo así, este mundo putrefacto será al fin iluminado y los muertos conocerán su propia y última redención. Sin embargo, antes de tan espléndido y límpido suceso, el infierno debe cernirse sobre nosotros y el cielo despedazarse sobre un mar de sangre sin compasión. ¡Ay! ¿Seguiremos siendo tan necios y torpes como siempre? Solamente evocamos el olvido eterno cuando, en nuestros vanos intentos por emular lo divino, terminamos hundiéndonos en nuestra miserable y funesta destrucción.
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Ya no soportaba mi humana y deprimente existencia, pero era algo más que una simple idea… Era lo que carcomía mi interior día con día lo que tornaba todo en una miseria insoportable, lo que me consumía lenta y demencialmente. Pese a todo, aún seguía aquí… Y el inefable anhelo de desvanecerme por completo era lo único que aún me consolaba mínimamente en un mundo tan insustancial y abyecto como este; en una horrible y absurda pseudorealidad donde yo, por desgracia y en contra de mi voluntad, tuve que experimentar un sufrimiento eterno, infinito y sin parangón.
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Catarsis de Destrucción